Ser docente es agotador, no solamente se trata de las horas que pasas frente al grupo o que usas para hacer planeaciones. Las relaciones con los alumnos, con los padres de familia e incluso con otros docentes o con las autoridades de la escuela pueden ser muy complejas, lo cual puede significar mucho estrés para los docentes.

Hacer algunos ajustes en tu rutina diaria puede ayudar mucho a tu salud física y mental.

Ajusta tu rutina

El cambio de horario está cerca y quizá algunas cosas que te funcionaban en la primera mitad del año ahora son distintas, por las variaciones de luz e incluso por tus actividades. Observa tus hábitos y reflexiona sobre tus necesidades, tus reservas de energía, tus preocupaciones. ¿Tienes más energía durante el día o quizá al anochecer? ¿Prefieres levantarte más temprano o dormirte más tarde? Mientras mantengas tus horarios balanceados puedes hacer algunos ajustes que vayan mejor con tus preferencias y con tu estilo de vida.

Crea un rincón

Crea un espacio que sea para ti, que sea cómodo y que sea acogedor para ti en el que puedas relajarte. Puede ser tu casa entera o un pequeño rincón en tu cuarto. Puedes inspirarte en conceptos como el hygge, un precepto danés que podría traducirse a comodidad, pero que representa desde el acomodo y la decoración de los espacios hasta el tiempo que te das para sentirte en un sitio acogedor.

Piensa primero en ti

El trabajo docente es muy exigente emocionalmente, pues requiere estar atento a las necesidades de muchas personas con las que convives a diario y con quienes sientes responsabilidad, pero para poder estar preparado y darles el apoyo que necesitan tus alumnos es importante que tú estés en equilibrio, de lo contrario corres el riesgo de desgastarte e incluso enfermar, así que sin importar los pendientes y las obligaciones es necesario que te des tiempo para cuidar de ti y relajarte.

Busca cosas nuevas

Aprender nuevas habilidades, estar en constante movimiento y cambiar algunos aspectos de nuestra rutina de vez en cuando son necesarios para nuestra salud física y mental. Busca algún pasatiempo y sobre todo dedícale un poco de tiempo, haz espacio en tu agenda para alguna novedad de vez en cuando. Tomar clases de algo te ayudará a mantener en perspectiva la posición de tus alumnos e incluso te dará ideas para el salón de clases, además te ayudará a despejar tu mente de problemas que parecen sin solución mientras tu cerebro trabaja en algo distinto.

Haz pequeñas cosas para sentirte mejor

Darte un baño largo y relajante, salir a caminar a la calle o quizá salir a un espacio natural, organizar tu escritorio, reacomodar tu salón de clases, etc. Hay pequeñas acciones que todos podemos hacer para sentirnos más tranquilos y que dependen de cada uno. Puede que ponerte a limpiar de arriba a abajo no parezca relajante, pero si para ti es una actividad liberadora hazle un espacio. No dudes en darte ese tiempo, por pequeño que sea, todos necesitamos ese espacio para reflexionar y sentirnos mejor.

Cuida tu herramienta de trabajo

Como docente el cuerpo es muy importante. Mantenerte de pie durante todo el día, usar la voz a diario para comunicarte, la vista frente a la computadora o para calificar exámenes, son algunos ejemplos de cómo tu cuerpo es parte fundamental de la tarea docente, así que date la oportunidad de afilar tu herramienta. Practica ejercicios para calentar tu voz y proyectarla sin necesidad de gritar, cuida tu calzado, utiliza lentes que protejan tu vista, etc. Presta atención a esas actividades que podrían ser desgastante y cuida de ti.

¿Crees que la profesión docente es especialmente agotadora? ¿Cómo haces tú para cuidarte y mantenerte en equilibrio? ¡Comparte con nosotros tus experiencias!

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