La UNESCO ha convocado a los ministros de educación a una reunión de emergencia para tratar el impacto del brote de COVID-19 en la educación. La reunión tuvo lugar el 10 de marzo. Los últimos datos de la UNESCO indican que, actualmente, un número sin precedentes de estudiantes no pueden acudir a la escuela.

Según la UNESCO, 16 países han aplicado el cierre de escuelas y universidades en todo el territorio nacional para limitar la propagación de la COVID-19. Más de 363 millones de estudiantes de todos los niveles de enseñanza no pueden asistir a clase en estos países. Otros 16 países han ordenado el cierre de escuelas y universidades a nivel local, el cual ha afectado a la educación de 567 millones de alumnos más.

Dado que los ministros de educación se reúnen hoy (11 marzo), les instamos a que tengan en cuenta las cuestiones siguientes para que esta grave crisis sanitaria no se convierta también en una crisis de la educación.

En estos momentos, es absolutamente esencial priorizar la salud y la seguridad de estudiantes, docentes y personal de apoyo escolar.

Un enfoque a nivel de escuelas y comunidades enteras es lo más eficaz para limitar la propagación del virus y mantener a raya el pánico. La comunidad escolar debe recibir instrucción, información y orientación precisas sobre las medidas preventivas. Los sindicatos de la educación también están trabajando sin descanso para garantizar que nuestros miembros reciben información puntual.

El cierre prolongado de los centros escolares ocasiona grandes interrupciones en la educación de millones de estudiantes. Han de ponerse en marcha medidas que minimicen el impacto de los cierres a la hora de impartir la enseñanza.

Los estudiantes más vulnerables se ven afectados de manera desproporcionada por el cierre de las escuelas. Muchos dependen de los comedores escolares y puede que no tengan acceso a herramientas en línea que les permitan acceder al aprendizaje a distancia. El cierre de las escuelas también está añadiendo presión a las familias que ya atraviesan dificultades, y los padres y las madres que trabajan tienen que pedirse días libres para cuidar de sus hijos. Deben adoptarse medidas concretas para garantizar que los estudiantes más vulnerables no se dejan atrás.

Animamos a los gobiernos a que trabajen con los educadores y sus sindicatos para hallar maneras de que el proceso educativo pueda continuar durante el cierre temporal de las escuelas.

Aunque la tecnología puede facilitar el aprendizaje a distancia a corto plazo, es esencial comprender que estas soluciones solo pueden ser temporales y nunca pueden sustituir a la enseñanza y el aprendizaje en el aula.

Los docentes y el personal de apoyo escolar deben recibir su remuneración durante los períodos de cierre.

En los países donde los proveedores de servicios de enseñanza privada operan junto a las escuelas públicas, deben adoptarse medidas para que la respuesta sea integral y unificada en todo el sistema educativo.

El trabajo interministerial es esencial para abordar el impacto generalizado del brote. Las escuelas son piezas fundamentales de todas las comunidades, y las interrupciones en su funcionamiento afectan a la economía e incluso pueden socavar los sistemas sanitarios ya de por sí fatigados, dada la obligación de que padres y madres permanezcan en casa con sus hijos.

El cierre prolongado de las escuelas a menudo ocasiona un aumento en la tasa de abandono escolar, ya que algunos estudiantes no regresan a las clases cuando las escuelas reabren sus puertas. Los gobiernos deben preparar estrategias que aborden esta posible consecuencia del cierre generalizado.

David Edwards

Secretario General de la Internacional de la Educación.

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